La enseñanza de la lectura y la escritura que garantice su aprendizaje alrededor de los ocho años requiere de una propuesta pedagógica y didáctica sólida.

Todos los días conversa, juega con el lenguaje (rimas, adivinanzas, canciones) y escucha a las infancias porque impulsar la lengua oral es esencial para desarrollar el pensamiento.

Que niñas y los niños escuchen lecturas e interactúen con textos variados (folletos, cuentos, poemas, textos informativos) durante toda la jornada escolar.

Las infancias leen y exploran textos (instructivos, textos literarios e informativos, revistas, anuncios) de forma autónoma desde sus posibilidades al menos tres veces por semana.

A diario muestra los usos de la escritura: para pensar, planear y corregir. Organiza actividades para que el grupo escriba de forma independiente y con propósitos reales (listas, uso de calendario, notas, acuerdos).

Durante la jornada escolar, organiza al grupo de formas variadas —plenaria, en equipos, en parejas— y plantea retos personalizados para asegurar aprendizajes significativos.

Construye todos los días ambientes cálidos, respetuosos y amables, en los que las expectativas son altas, genuinas y explícitas; las niñas y niños son prioridad.
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