Por: Aline de la Macorra
Poner en palabras nuestras emociones es la primera acción para comprenderlas. La lectura –y en especial la lectura de libros infantiles ilustrados en los que la interrelación del texto y la imagen conforman la historia– es una vía ideal para que el lector novel conozca sus emociones y las de sus seres queridos. Los libros nos ayudan a clarificar lo que no tenemos claro. Hablar de nuestras lecturas con nosotros mismos y con otros es una forma de conocer nuestras emociones y de construirnos como lectores críticos y autónomos.
